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EN PROFUNDIDAD

Entrevista: Valdés Dal-Ré reflexiona sobre adaptar la Constitución a las nuevas realidades

Revista Unión En Profundidad

Fernando Valdés Dal-Ré, es magistrado del Tribunal Constitucional y Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Durante su carrera ha trabajado como Letrado del Tribunal Constitucional, Director General del Servicio Jurídico del Estado, Consejero de Estado o miembro del Consejo Económico y Social.

El pasado 22 de noviembre participó en una jornada, organizada por UGT- Castilla y León, sobre los “30 años de la Huelga General del 14-D” donde expuso un análisis pormenorizado del contexto histórico-político y jurídico de su regulación.

Allí tuvimos la oportunidad de hablar con él sobre el 40º Aniversario de la Constitución Española, su visión de la Carta Magna.

Usted vivió en primera persona la Transición y el nacimiento de la Constitución Española ¿Cómo recuerda aquel momento? ¿Cómo vivió el referéndum? ¿Cómo era el ambiente en la calle?

La Transición se vivió con un sentimiento doble. De un lado, con esperanza de que concluyese de manera positiva, pero de otro lado también, con un cierto temor, no digo miedo, pero si temor a que pudiera fracasar como consecuencia de las importantes posiciones contrarias que había en ese momento y que, en algunas ocasiones, terminaron con violencia.

Cuando concluyó el proceso de Transición y ya, en los últimos o el último año, se vio que efectivamente, el proceso era irreversible, te puedes imaginar que la sensación fue de profunda satisfacción y esperanza porque finalmente España tenía un horizonte de democracia.

¿Qué destacaría de la Constitución de 1978? ¿Qué supuso para España?

La Constitución significó la salida del barrizal de una dictadura totalitaria que no reconocía ni uno sólo de los derechos humanos y fundamentales que estaban ya declarados y consagrados en textos tan importantes como la Declaración Universal de Derechos Humanos o el Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Públicas y colocarnos en una posición de respeto, de reconocimiento y de protección de los derechos fundamentales y en el marco de un Estado Social y Democrático. Nada más y nada menos.

¿Cómo cree usted que ha envejecido la Constitución? ¿Su contenido se ha adaptado a los cambios acaecidos en España en cuatro décadas?

En la medida en que en estos momentos la sociedad avanza a un ritmo impensable tan sólo hace quince años, la Constitución, aunque mantiene sólidos cimientos, los cimientos bajo los que se fundó y que han pervivido y mantenido, efectivamente necesita alguna adaptación a las nuevas reivindicaciones o exigencias sociales y políticas.

¿Considera que es necesario efectuar reformas en la Carta Magna? ¿Si es así, a su juicio, qué reformas son necesarias?

Creo que la Constitución, manteniendo esos fundamentos que a mi juicio son intocables, necesita algunos retoques, por ejemplo, en el año 2018, sigue siendo un verdadero despropósito la consagración Constitucional de una desigualdad en lo que se refiere a la sucesión a la Corona. Resulta absolutamente impresentable que se siga atribuyendo un privilegio a un varón respecto a los hijos e hijas del Rey.

También necesita algún retoque en lo referido a las políticas rectoras económicas y sociales y, precisa, desde luego, alguna revisión o reflexión -reflexión primero, y luego revisión- respecto del Título VIII, es decir, de lo que el Tribunal Constitucional calificó como el Estado complejo que es España constituido por un Estado Central y hoy 17 autonomías más dos ciudades autónomas como son Ceuta y Melilla.

¿Cree que en una situación política como la actual, sería viable?

No estoy en el centro del debate político, evidentemente, pero no veo fácil que hoy se alcanzasen acuerdos. Si ello no es posible en una ley tan fundamental para la vida cotidiana de los ciudadanos españoles como la Ley de Presupuestos, cómo voy a pensar que va a ser fácil revisar nada más y nada menos que nuestra Carta Magna.

No obstante, las dificultades tendrían que superarse y abrirse en un proceso negociador como sucedió en una situación más complicada, desde el punto de vista político, como fue la de 1977-78.

Por tanto, no lo veo fácil pero creo que todas las fuerzas políticas tendrían que hacer ese esfuerzo de alcanzar consenso sobre algunos ejes básicos que la Constitución demanda para adaptarse a las nuevas realidades. En ningún caso tendría que hacerse de manera unilateral. Tendría que modificarse por consenso.

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